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La importancia de la buena gestión de las aguas residuales

Los sistemas de evacuación deben diseñarse para proteger los ecosistemas, que se ven influidos por los vertidos de residuos al mar, a los ríos o a zonas sensibles, y la salud de millones de personas. Por eso, la buena gestión de las aguas residuales empieza por contar con las infraestructuras adecuadas y una buena previsión de la gestión de las plantas de tratamiento.

Para ello, en el año 1991 se aprobó la directiva europea por la que se obliga a que las aguas urbanas reciban un tratamiento adecuado. A partir de entonces, se han establecido más medidas para la correcta depuración de aguas residuales en poblaciones de más de 15.000 habitantes.

La Unión Europea cuenta con el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), encargado de que los países miembros respeten las leyes que se imponen desde la comisión, para garantizar el cumplimiento de las normativas.

España sancionada por su gestión de aguas residuales

El ejemplo de que la gestión de las aguas residuales es cada vez un asunto de mayor relevancia para Europa se encuentra en las normas que la UE ha establecido desde aquella primera directiva, muchas de las cuales no estaban siendo cumplidas por España. Por ello, la UE ha dado diferentes avisos por su incumplimiento de las normativas.

De hecho, en 2018 España recibía un nuevo aviso de que seguía habiendo alrededor de un millar de núcleos conformados por localidades, barrios o urbanizaciones en los que se estaban vertiendo las aguas residuales en los ríos o en el mar sin pasar por una gestión o tratamiento de las mismas. Además, se probaba que España estaba incumpliendo las normativas citadas previamente en diversas áreas. Por eso, el Gobierno decidió calendarizar una serie de actuaciones para solventar la situación.

El calendario realizado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico fijó el año 2023 como la fecha límite para tener operativas 9 depuradoras necesarias en aglomeraciones urbanas.

Estas normativas sobre el control de los vertidos y el saneamiento de las aguas para lograr la transición ecológica han llevado a España a acumular la mayor multa de su historia. Esta sanción, que se eleva cada semestre, asciende a una suma de 62,7 millones de euros.

Desde que se calendarizara todo el proyecto se ha acelerado el proceso de tramitación, ejecución y puesta en funcionamiento que ha retrasado durante más de veinte años todo este problema. Para cumplir con la normativa de la UE, es necesario que nueve plantas estén operativas y por el momento hay seis. Se espera que todas estén activas para el año 2025.

Para algunos expertos, como Carlota Ruiz, abogada del Instituto Internacional de Derecho y Medioambiente, el problema se debe a un sistema administrativo “demasiado lento y burocrático que se podría agilizar con una mayor colaboración entre Gobierno y CCAA.” 

Cómo funcionan las plantas de gestión de aguas residuales (PTAR)

Las plantas de gestión de aguas residuales son el epicentro de la sanción impuesta por la Unión Europea para el correcto saneamiento de los vertidos. Las PTAR permiten, gracias a la ingeniería, depurar el agua hasta el punto de que vuelva a ser apta para el consumo humano y animal, lo que permite también que vuelva a ser empleada en regadíos y limpieza. De esta forma, se consigue un gran ahorro del bien más necesario para el desarrollo de la vida en el planeta.

El funcionamiento de estas plantas se basa en varios pasos:

  • Pretratamiento: en esta fase se separan los restos sólidos como objetos pesados o plásticos que se arrojan desde viviendas o industrias.
  • Tratamiento primario: es el momento en el que actúan los tanques de sedimentación. Estos, mediante bombeo, consiguen que la materia fecal se quede en el fondo del tanque.
  • Tratamiento secundario: el agua avanza al siguiente tanque, en el que se utilizan microorganismos para eliminar la materia orgánica, que alcanza el 85% de pureza. Este proceso recibe el nombre de degradación biológica y emplea protozoos y bacterias que consumen dicha materia y que, gracias a su capacidad de sedimentación, luego son fácilmente limpiados.
  • Tratamientos terciarios o avanzados: se emplea la filtración para separar materia suspendida más pequeña, así como la desinfección mediante el cloro y otros químicos. De esta forma, las plantas de gestión de aguas residuales alcanzan un 99% de pureza.

Para que las plantas de gestión de aguas residuales puedan operar es primordial establecer redes de evacuación adecuadas creadas a partir de materiales que sean los idóneos para trasladar toda el agua residual que sale de los núcleos urbanos.

Contribución del polipropileno a la gestión de las aguas residuales

La sanción de la Unión Europea plasma la importancia de una buena gestión de las aguas residuales y cómo los gobiernos están actuando para ejercer una menor contaminación en mares, ríos y puntos sensibles de los países. De hecho, además de las multas, una mala gestión de aguas puede también provocar graves enfermedades contagiosas.

Para asegurarnos de que las aguas residuales, mediante redes de saneamiento, pueden llegar sin incidencias a las plantas de depuración, existen materiales como el PP, que ofrece las características idóneas para trasladar fluidos con sedimentos.

  • La resistencia del PP a temperaturas muy altas o muy bajas, lo posiciona como material adecuado para el transporte de aguas residuales.
  • La capa interior ultra deslizante permite que pasen los sedimentos y evita que se formen incrustaciones debido a la corrosión.
  • La adaptación y fácil montaje de sistemas de tuberías de evacuación de PP permite facilitar este tipo de trabajos.
  • La flexibilidad del polipropileno permite que sean dirigidas hasta las instalaciones de depuración de aguas con mayor facilidad.

El hecho de contar en nuestras viviendas con materiales que sean aptos para la evacuación de aguas residuales repercute en la salubridad de las personas y en la higienización de las aguas del país y de la sociedad. Además, el polipropileno cuenta en su fabricación con la Norma UNE EN 1451, que asegura garantías en su utilización para la canalización de materiales plásticos y la evacuación de aguas residuales en el interior de la estructura de los edificios.